08/05/12

en Iletrado pero cuerdo

03/06/2012  |  por  Eric Gras

Divertidas peripecias, extravagancias. Charlando con Robert Juan-Cantavella

Leer el nombre de Trebor Escargot permite que ciertos músculos del rostro cobren vida y dibujen, tras unos efímeros nanosegundos, una incipiente sonrisa, quizá algo tonta pero siempre agradecida. Para un servidor, poco dado a reprimir esa cosa tan humana de la risa –que  un tal Mark Twain acertó en decir “es un arma verdaderamente eficaz”–, es necesario encontrar ciertas lecturas que tengan la particularidad de estar protagonizadas por algún que otro tipejo divertido y extravagante. Ese sería el caso de Escargot, esa especie de alter ego de un autor que, si me permiten la licencia, es una de las voces más potentes que existen en la actualidad, con su particular estilo que entremezcla el periodismo gonzo, el pulp y la ciencia ficción –aunque ahora también se nos desmarca publicando poesía–. Sus novelas El Dorado y Asesino cósmico –ambas publicadas en Mondadori– le avalan y le sitúan, según creo, como uno de los escritores experimentales a tener en cuenta. Personaje-narrador-periodista, Robert Juan -Cantavella, merecía ser “víctima” de nuestra curiosidad.

Cuando tuve la ocasión de conocer a Robert tras la aparición de
El Dorado yo era un “pipiolo” en estas lides periodístico-literarias. En aquel entonces, como no podía ser de otro modo, mis preguntas carecían de atrevimiento y ese cierto toque “malicioso”. Lógico, yo era Nadie –sigo siendo Nadie– y pecaba de falta de picardía. Una picardía que, por el contrario, se muestra rebosante y con una salud de hierro en los textos de Robert Juan-Cantavella, marcados por un cinismo e ironía que, si les soy sincero, hacen falta ante tanto personajillo carente de juicio y sentido que cree tener la potestad de hacer y deshacer a su antojo y de manipular a una sociedad que cada día insiste más en no querer saber nada. El Dorado permitía al lector contemplar una feroz visión sobre esos escenarios que nos venden como idílicos, dirigidos a las familias de clase media y que buscan convertirse en simples parques temáticos –llámese Marina d’Or, llámese lo que se les antoje–. A través del humor, de un surrealismo conciso, de un absurdo, Robert y su Escargot no dejaban títere con cabeza. Imagino que, ante tanta aventura satírica, debía proseguir su búsqueda de “divertirse” literariamente. Por eso Asesino cósmico es una novela fragmentada, donde cada capítulo puede leerse de manera individual pero donde la clave es ver la manera en que cada pieza va encajando hasta dar forma a la historia total. La obra es, además, un homenaje al género pulp, aquel que se nutría de historias policiales, o “de detectives” (suspense y thrillers), de ciencia ficción y fantasía, que aparecieron en revistas a mediados del siglo XX. Todo eso y más puede disfrutarse con su narrativa. El mundo literario de Robert Juan-Cantavella reactiva las neuronas, no lo olviden.

Pregunta: Peripecias, situaciones grotescas, extravagancias, locuras, diversión… Estos términos suelen asociarlos a tu producción literaria. A partir de la farsa y el disparate, de una pizca de cinismo e ironía, logras realizar una crítica bastante dura sobre esta realidad nuestra que, ya de por sí, es una locura. ¿O nos equivocamos?

Robert Juan-Cantavella: Esa sería la idea. Las situaciones grotescas no existen por su cuenta y riesgo, somos nosotros los que las perpetramos, te las encuentras a cada paso. Yo tiendo a fijarme en ellas porque en una novela dan mucho juego, pueden resultar muy divertidas, pero también porque eso es lo que somos, ni más ni menos, eso es lo que nos explica, aunque tratemos de negarlo o ver sólo la paja en el ojo ajeno. Fíjate que los mayores transmisores de situaciones grotescas, encapsuladas y listas para consumir, son los telediarios y los periódicos, ahí coincido con ellos.

P: ¿Es importante para Robert Juan-Cantavella recibir elogios? ¿O simplemente te dedicas a escribir y a divertirte con ello?

R. J. C.: Trato de no pensar mucho en eso. Por otra parte, no sé muy bien por qué escribo, me lo he preguntado algunas veces y no he llegado a creerme ninguna respuesta. Pero bueno, todos tenemos nuestro corazoncito.

P: ¿Juegas a la metaficción? Y, por cierto, ¿a qué narices llaman metaficción?

R. J. C.: Metaficción es cuando la literatura juega con la literatura. Supongo que es una enternecedora forma en que los escritores aceptamos nuestras limitaciones, a veces nuestra impotencia, y trabajamos con los mimbres que conocemos o creemos conocer. Otra forma de verlo es como un juego del intelecto, que si está filtrado por la ironía puede resultar muy estimulante. Sí, he jugado algunas veces a ese juego, lo confieso, sobre todo en el libro de relatos Proust Fiction y en la novela Asesino cósmico.

P: Una curiosidad, ¿cómo te surgen esos nombres estrafalarios de tus personajes?

R. J. C.: Supongo que te refieres a los que aparecen en la novela Asesino cósmico: pues los saqué del santoral católico, sin ir más lejos, por lo menos en su mayor parte. Algunos, sólo unos pocos, eran nombres griegos. Nombrar a un personaje tiene su aquel, depende de la decisión que tomes podrá comportarse de un modo y no de otro, te resultará más sencillo lograr que haga ciertas cosas, que tenga miedo de otras, que sienta ira o ternura, que hable de una forma o de otra. Tiendo a evitar los nombres comunes, porque tiendo a evitar los personajes comunes. Según yo lo veo eso va unido, como una especie de cadena. Pero los nombres poco comunes no siempre necesitas ir a buscarlos a Marte, a veces basta con que haya pasado el tiempo. Lo único que hice con gran parte de los personajes de Asesino cósmico fue buscar nombres en desuso, nombres viejunos, en esa novela me interesaba mucho jugar con el futuro y el pasado, y los nombres de los personajes me sirvieron para anclar en el pasado una historia que sucedía en el futuro, que era el desequilibrio que andaba buscando… pero la mayoría de ellos, como te digo, figuran en el santoral.

P: Hace poco leíamos en un artículo colgado en la red lo siguiente: “¿Por qué elogiamos la fanfarronería de Hunter S. Thompson pero no la toleramos en Robert Juan-Cantavella?” ¿Eres o te consideras fanfarrón?

R. J. C.: Vaya… ¿eso dicen? En la novela El Dorado hice un planteamiento muy parecido a lo que hacía Hunter S. Thompson, un periodista norteamericano con mucho talento para escribir y un gran valor, más que fanfarronería, para afrontar el periodismo. Por lo menos lo tomé como modelo. Así que me inventé un periodista que hiciese el trabajo, pero que en lugar de escribir sobre Las Vegas escribiese sobre Valencia. Le llamé Trebor Escargot. Y sí, Trebor Escargot es un poco chuleta. Pero vaya, Trebor Escargot, no yo.

P: Mucho se ha hablado de tus novelas Asesino cósmico y El Dorado. No obstante, hace poco vio la luz un libro de poesía, Los sonetos, y una obra escrita a cuatro manos junto a Óscar Gual, El corazón de Julia. ¿Poesía y zombis se complementan?

R. J. C.: Ya ves, parece extraño pero sí… aunque no en el mismo libro, cada uno en el suyo. Del libro que escribí con Óscar, El corazón de Julia, estoy muy contento, ha sido una gran experiencia, escribir a cuatro manos puede llegar a ser muy interesante, además la historia es un disparate, muy divertida, llena de zombis y cantautores, y decimos lo que nos da la gana sobre lo que nosotros veíamos como un problema político serio. Y por si fuera poco no sólo éramos nosotros dos, en el libro también participa Riot Über Alles, un artistazo que hace las ilustraciones. Los sonetos es un libro muy distinto. La verdad es que no me veía escribiendo poesía, pero ahí está. No tiene nada que ver con el otro, que básicamente es una sátira. Aquí me interesaba más el lenguaje.

P: Últimamente, si abres un periódico puede darte un colapso nervioso por la cantidad de “malas noticias” que se leen y se escriben, sobre todo si son noticias procedentes del territorio que te vio nacer. ¿Algún consejo para sobrevivir?

R. J. C.: Ojalá lo tuviese, empezaría por aplicármelo. Lo cierto es que nos han llevado a un lugar muy feo, y han preparado para nosotros un futuro muy negro. Y sí, los valencianos, como sucede últimamente cuando se tratan estos temas, volvemos a estar a la vanguardia. Primero, con “Calle vostè, parle vostè” (qué culpa tendría el Tribunal de les Aigües…), y a renglón seguido con “Tómbola”, en Valencia inventamos el lenguaje televisivo del presente, hoy en día la televisión no se entendería sin aquellos precedentes. Y ahora también hemos estado en los primeros puestos a la hora de berlusconizar la política española. Tenemos cierta habilidad para el liderazgo, el pequeño detalle es que casi siempre es en temas más bien turbios. Berlanga era un cineasta realista, lo que pasa es que en nuestras tierras la realidad es otra cosa, por eso sus películas parecen también otra cosa.

P: ¿Periodismo punk o periodismo gonzo? ¿En qué quedamos?

R. J. C.: Mi Periodismo Punk es una burda imitación del Periodismo Gonzo de Hunter S. Thompson, pero en cualquier caso no ha pasado de un experimento para la novela El Dorado. Me pareció que la forma más drástica de inspirarme en ese escritor era hacer como él, inventarme una escuela a la que no invitaría a nadie más, y en la que reinaría en solitario. Así que el mejor modo que encontré de hacer Periodismo Gonzo fue no haciendo Periodismo Gonzo, sino Periodismo Punk, que es algo muy parecido, pero donde me reservo el derecho de jugar también con la ficción. A fin de cuentas El Dorado es una novela.

P: ¿Podemos saber qué autores te indujeron a darle a la tecla?

R. J. C.: Boris Vian. El pobre ingenuo que había en mí quería escribir historias como las suyas, como La espuma de los días, o como los relatos de El Lobo-Hombre. No es que sea mi autor preferido ni nada parecido, pero sí el que está en el origen de que empezase a escribir, o por lo menos uno de ellos. Sigue interesándome muchísimo, y curiosamente es una línea que tengo bastante aparcada. A menudo los primeros impulsos son los más importantes, quizá esté esperando el momento. O quizá algo dentro de mí ya sepa que por ahí no voy a ningún sitio, qué sé yo.

P: ¿Prefieres una buena historia/trama o un buen ejercicio/uso del lenguaje?

R. J. C.: No creo que una cosa se sostenga sin la otra. Una fantástica historia contada por alguien que no sabe escribir no es nada, de hecho ni siquiera es una fantástica historia, pues si no la hemos sabido escribir simplemente no existe. En el caso opuesto, tenemos muchos ejemplos de historias que podrían ocurrírsele a cualquiera, pero que sólo un genio puede convertir en una obra maestra, como El viejo y el mar, de Hemingway, donde: un viejo sale a pescar en una barquita, lucha con un pez durante dos días hasta que lo vence, aparecen los tiburones y se comen el pez, que a todo esto era enorme, y el viejo llega a puerto medio muerto y sin el pez. ¿Quién se atrevería a decir que esa es una buena historia? ¿Quién se atrevería negar que es una novela fantástica? Grandes historias, llenas de épica y requiebros sorprendentes, las encuentras en la barra de cualquier bar, basta con pedirte un café, hacer como que lees el periódico y estar al tanto. Pero luego esas historias hay que saber contarlas, y eso si hablamos de una novela se hace con el lenguaje. Así que no hay una cosa sin la otra. Yo tiendo a ser más indulgente con los estilistas, me gustan mucho los escritores estilistas, aunque esté mal visto. Puedo soportar que la historia no sea genial, si me la cuentan bien, y sí, si me fascinan con el lenguaje. En el polo opuesto, si algo no está bien escrito, ni siquiera puedo considerarlo una historia, así que mal podría decirte si es buena o mala.

P: ¿Qué opinión te merece todo eso que llaman ‘Cultura Pop’?

R. J. C.: La cultura pop es el mundo en que vivimos. No sabría por dónde empezar. No hay nada más pop, por ejemplo, que el hecho de que una pandilla de delincuentes chalados licenciados por Harvard o Esade y empleados por un banco de inversiones o una agencia de calificación de riesgo decida lo que vale nada menos que un estado nación, como Grecia, como Portugal, como España, con el beneplácito de sus astutos dirigentes políticos, los de Grecia, los de Portugal, los de España. Eso antes bastaba para armar el argumento de una novela distópica, una novela que en algún momento podría haber sido considerada “pop”. Pero los tiempos han cambiado, y un despropósito como ese no sólo no resulta sorprendente, sino que como ciudadanos hemos llegado a aceptarlo sin más, con total mansedumbre. Se ha convertido en nuestro contexto, en el aire que respiramos. Antes la cultura pop era algo que podías señalar con el dedo, que era posible diseccionar. Ahora forma parte de nuestra forma de ver el mundo.

P: Si alguien te pidiera que le aconsejaras un título de una novela, ¿cuál sería?

R. J. C.: Hace poco he leído un libro fantástico, no es exactamente una novela, pero he disfrutado mucho: Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar. Cuenta algunos episodios de su vida en una ciudad que hay al norte de Barcelona, Sant Adrià del Besós, donde él nació y de otras poblaciones cercanas que forman parte del cinturón que rodea Barcelona. Es como una crónica de la Barcelona que queda alrededor de Barcelona, la Barcelona del extrarradio, la de los charnegos, la Barcelona que no fue capital olímpica ni es la capital del diseño ni tampoco nada de todo lo que se empeñan en que sea Barcelona. Ahí tienes historia y lenguaje, las dos cosas. Un libro cojonudo.


13/12/11

en Tribuna Salamanca

12/12/2011  |  por  Antonio Marcos



Asesino cósmico, esencia 'pulp' 

Robert Juan-Cantavella ha rendido en "Asesino Cósmico" (Mondadori, 2011) un profundo homenaje a la literatura popular, a aquellas ajadas novelas de la colección Bolsilibro que pasaban de mano en mano a un duro el cambio en los quioscos. Es complicado resumir el argumento, pero transcurre en 2035 –una fecha muy del futuro en los años setenta– en una isla llamada Meteca y la protagonizan extraterrestres, caciques, vampiros, zombis y alguna muchacha poseída por el diablo. Extravagante y deliciosamente escrito, este artefacto literario se recomienda a los lectores sin prejuicios.

Pulp Inside! No es lo mismo adornar el paisaje de una novela con citas a la cultura popular –una moda que busca más que nada la complicidad, sobre todo generacional, del lector– que construir un relato basándose en la esencia de la literatura de derribo, que es lo que ha hecho Robert Juan-Cantavella: parece como si hubiera metido en la trituradora todos los géneros y destilado esa pasta de papel barato con una manera de contar propia. La acción nos remite al futuro próximo, pero se nos narra con un aire antiguo, un lenguaje casi cervantino con el que transmite precisión, riqueza expresiva y un toque de melancolía. "A la 'manera moderna' de otro tiempo", como dice Thomas Mann en una de las citas que abren el texto. El narrador se dirige a nosotros como si todo hubiera ocurrido y ya nada tuviera remedio, mezclando diversas capas de realidad y ficción, y sorprendiéndonos a cada momento. El autor no ha imitado "la manera" de las novelas de quiosco: ha comprendido todo lo que de valor hay en ellas y construye su propio discurso.

¡Con la aparición estelar de Curtis Garland! Juan Gallardo Muñoz tiene mucho que ver en este libro. El título está apropiado de una novela suya de 1973, publicada con el seudónimo de Curtis Garland, uno de los casi diez que utilizó en sus dos mil obras. Y, en un juego literario más, Juan-Cantavella le invitó a escribir un capítulo de este nuevo "Asesino cósmico". Garland ha escrito unas memorias que todavía no he leído, pero haciendo caso a otro estajanovista de la máquina de escribir como Francisco González Ledesma (Silver Kane, entre otros), admiro ese trabajo de medio negro editorial, produciendo sin parar libros que sí leía la gente. Encontrar y administrar los mecanismos de una intriga, ceñirse al género, buscar a la vez la calidad mínima y la máxima sin tiempo apenas para releer lo escrito... y volver a empezar. Hoy oeste, mañana ciencia ficción, pasado novela romántica. Cualquier homenaje es merecido, y este libro lo hace de una manera explícita y rotunda.

Los otros somos nosotros. Una de las tramas que más me gustó de "Perdidos" es aquella donde los náufragos se enfrentan a "Los Otros". Y descubrir después que para esos otros también hubo unos "otros" antes. En "Asesino cósmico" también hay una isla y también hay "otros", y quizá todos sean observados desde el espacio por alguien a quien le persigue algún otro. Pequeñas guerras de poder, conspiraciones de casino de pueblo que tienen su origen "cuando ocurrió todo aquello". Ocurrió algo de lo que nadie habla en un lugar donde nadie quiere entrar, tal vez porque hay un monstruo que se come a la gente si se cabrea. Ese lugar oscuro, el cerrar la memoria y contarla de un modo distorsionado es uno de los grandes logros de este novela. La fábula, la leyenda, como narración que determina las vidas de los protagonistas. Y la construcción de esa narración como herramienta hegemónica. Pueblo chico, infierno grande.

Dramatis personae. Al comienzo de la novela, el autor enumera a todos los personajes que intervienen en ella. Y parece mentira que vayan a caber tantas historias en poco más de 250 páginas. Están el viejo corregidor, el enano Vladimiro –dueño del único videoclub de la isla–, la malhadada y ojerosa Sue Ikling, José María El Tempranillo, la directora de cine Alpidia Ruano, la familia Legúfaro y la blanca de piel Benilde Rascón. Entre otras decenas. La imaginación del escritor para mezclar tramas –saltar de una guerra medieval a un enfrentamiento dentro de Matrix y de ahí a una hecatombe nuclear– es asombrosa. Y funciona. El pretencioso uniforme de Vladimiro y el archivo donde aspira a más el joven Legúfaro son ejemplos de la atmósfera densa del paisaje de Isla Meteca. Un lugar extraño, una playa terminal, donde todo puede ocurrir siempre que nos lo cuenten bien, donde todas las historias tienen cabida. El lector entra allí descolocado y permanece en tensión, recorriendo sin poder parar ese paisaje a ratos apocalíptico y a ratos decimonónico. Ante esta novela, el lector está un poco como Chartlon Heston en ese rato entre que cae la nave y los simios lo meten en la jaula.

Unos cuantos enlaces interesantes. La novela tiene su propio blog, donde el autor ha ido recogiendo las reseñas publicadas y ofreciendo material de contexto. Hay bastante material sobre Curtis Garland en la red: por ejemplo una entrevista, y la ficha de su libro de memorias, reseñado en ese maravilloso blog sobre la cultura popular española que se llama Lady Filstrup.

22/11/11

El corazón de Julia... ya a la venta

El corazón de Julia
Una novela de zombis y cantautores


Una novela de Gual & Cantavella
Ilustrada por Riot Über Alles

Más información, aquí.

02/11/11

en Página 2 (TVE)

02/11/2011  |  por  Tito Ros / Óscar López


link

31/10/11

en El Cultural (El Mundo)

28/10/2011  |  por  Santos SANZ VILLANUEVA



Sobre Asesino cósmico

por Santos SANZ VILLANUEVA

Tras un puñado de citas, lo primero que encontramos en el nuevo libro de Robert Juan-Cantavella (Almassora, 1976) son casi dos páginas con un largo censo de personajes, bastantes con nombres llamativos o estrafalarios, que invitan a conocer “las asombrosas aventuras del Asesino Cósmico”. Recuerda la lista de “dramatis personae” que suele ponerse al frente de una pieza teatral, pero su verdadero vínculo se establece con el desfile de los miembros de una compañía circense al comenzar la función. Hacia este último sentido remite la alborotada historia de fanta ficción que Asesino Cósmico contiene un tanto a la manera de puzle. Muchas y extravagantes peripecias se encadenan a lo largo de los dos centenares y medio de páginas de una “novelita fantástica” con la cual el autor, según aclara en nota final, espera habernos hecho pasar un buen rato.

Situaciones grotescas, personajes valleinclanescos, seres del imaginario popular (un maligno extraterrestre mutante, un dragón terrible), gente común, un bosque tenebroso, juego, invención libérrima, vodevil, melodrama, parodia literaria... todo ello y más se va acumulando en un relato que gira alrededor de un pretexto argumental: en el año 2035 alguien recapitula los apocalípticos sucesos que destruyeron en 1994 Sierpe, la capital de un país llamado Isla Meteca, y motivaron la fundación de Ciudad Nueva.

Dirige la imaginaria función un narrador cuya identidad se desvela en las últimas páginas y que actúa a la manera decimonónica, dominando todos los sucesos, interfiriendo la historia y apelando al lector. Un ostensible gusto por contar da lugar a una muñeca rusa de relatos dentro del relato surgidos de una inventiva fecunda. Una notable capacidad para el humor en la amplia gama de registros que va de la ironía a la sátira produce un libro goliardesco, iconoclasta. La sintaxis de abundantes frases nominales propicia el ágil desarrollo de las peripecias. A este conjunto de aciertos solo puede ponérsele el reparo de una cierta generosidad en la materia, pues la abundancia más la reiteración esperpéntica provocan algo de cansancio.

En suma, el libro se salda con un balance global muy positivo: un texto divertido cuyas muchas locuras conducen, sin embargo, y como quien no quiere la cosa, a una reflexión seria sobre el mundo. No necesitamos monstruos para sembrar el dolor y alimentar la catástrofe, concluye el narrador. De este modo, Juan-Cantavella trasforma al fin la farsa y el disparate en una alegoría ácida y pesimista de la vida. Merece la pena leer Asesino Cósmico y no perder de vista al autor. 

28/10/11

Los sonetos

Los sonetos es un libro de poesía, publicado por El Gaviero Ediciones (Ana Santos & Pedro J. Miguel). 

Así presenta el libro uno de sus editores (aquí):  

Son sonetos los sonetos? 
 


Como muestran a las claras estas fotos, hay algo que nadie podría imaginar, los sonetos nacen, crecen, se reproducen y encuentran la muerte. Pero cuál es el modo de vida de un soneto, quizá el anodino y alienado paso de la mayoría? No, sin duda, en este álbum que revela. Que empieza con un leve roce de triángulo, para que los sonetos vayan imponiéndose progresivamente con su estruendosa sinfonía de mezcla, armonía y vida. Con esa agonía del coro que pregunta si Poesía, Teatro y Narrativa son santísima trinidad o son sólo sonetos desangrándose tras el desove entre los guijarros. El plasma se extiende como una alerta roja por la cubierta y mancha el libro de R. Son sonetos los sonetos? Aplausos.

Pedro J. Miguel
 

Aquí tenemos al Asesino Cósmico, hace unos meses, corrigiendo la prueba de portada de Los sonetos (aquí):
 

27/10/11

Presentación en Barcelona: Biblioteca Jaume Fuster

Jueves 27 de octubre, 19:00 hs.
presentamos en Barcelona la novela
Asesino Cósmico


Bajo el título de “Fantasía y novela pulp”, la presentación tiene lugar en el contexto del ciclo “Parlem amb…”, organizado por Biblioteques de Barcelona.

En esta ocasión, contaremos con la presencia de Juan Gallardo Muñoz, uno de cuyos nombres de guerra es Curtis Garland



Precisamente, este pseudónimo, Curtis Garland, es el que utiliza en su colaboración en Asesino Cósmico. Una oportunidad perfecta para charlar con este maestro de la literatura popular.

Presentará y conducirá la conversación Josep Anton Muñoz.

La Biblioteca Jaume Fuster está aquí.

17/10/11

en Fric-Frac Club

17/10/2011  |  por  François Monti

 

Le retour du prolo

Robert Juan-Cantavella  
Proust Fiction (Lot 49, 2011, trad. Mathias Enard)
Asesino Cósmico (Mondadori)

Lorsque paraît El Dorado, le deuxième roman de Robert Juan-Cantavella, la critique espagnole (et nous aussi, au passage) salue l’implacable et hilarante satire de la culture du béton et du papisme espagnol. A une époque où le bientôt ex-président du gouvernement ibère nie encore les spécificités nationales d’une crise qu’il ne veut que mondiale, l’auteur appuie là où ça fait mal. Et, trois ans plus tard, ça fait encore tellement mal que certains se demandent si l’amputation ne serait pas la seule option raisonnable… Juan-Cantavella, écrivain politique ? Aucun doute là-dessus, même si certains cherchent à l’oublier – l’Espagne, toujours agitée par ses fantômes, et, singulièrement, le spectre de Caïn, semblant considérer qu’en littérature, il n’y a politique que s’il y a réalisme social [1].



Mais la publication il y a quelques mois d’Asesino Cósmico, son troisième roman, et, cette rentrée de la traduction de Mathias Enard de son recueil de nouvelles Proust Fiction, vient nous rappeler qu’il y a autre chose chez Juan-Cantavella et que cela le rend d’autant plus précieux.

Sa carrière littéraire commence vraiment en 2001, quand un petit éditeur barcelonais publie dans une collection de littérature « jeune » Otro, son premier roman. On y trouve quelques passages de bravoure, une première apparition de son alter-ego badass Karagol et (déjà) une sorte de critique sociale, mais ce qui frappe surtout est la forme : jeux sur la typographie, la mise-en-page et la chronologie, Otro offre une expérience de lecture des plus déroutantes. On pense à un Danielewski moins soutenu, ou, selon certains critiques espagnols, à la poésie visuelle de Joan Brossa, sur laquelle il préparait alors sa thèse de doctorat. Juan-Cantavella lui-même considère que ses comparaisons ne sont pas des plus justifiées, mais il ne fait aucun doute que son roman conduira le lecteur à le placer dans le sillage d’une certaine avant-garde, d’en faire, en bien ou en mal, un formaliste. Ce qui vient après jette sur ce début prometteur une toute autre lumière. Proust Fiction (2005, Lot 49 en 2011 donc) ne dédaigne certes pas le jeu formel mais préfère tout de même une malice de petit dur à cuire des bas-quartiers de Barcelone. On y découvre, entre autres choses, que Karagol a été un intervenant capital du Quichotte (sans lui, les géants n’auraient vraiment faits qu’une bouchée du sieur Quijano et de ses illusions). On pourrait conclure à une projection de l’auteur dans la littérature, un de ces jeux que Vila-Matas aime tant et nous de moins en moins, mais le texte qui donne son titre au volume nous renvoie à toute autre chose : anxiété de l’influence (et si Proust était le précurseur de Tarantino) et propriété intellectuelle. Il y a dans Proust Fiction non pas une tentative de vivre dans et du corpus de la littérature mondiale, ni même un discours borgésien sur les précurseurs postérieurs, mais bien une force vitale prête à tout pour se faire sa place, pour tracer un chemin propre et singulier sans jamais tuer le père mais en sous-entendant, parfois un peu trop clairement, qu’on n’hésiterait pas une seule seconde à le faire. Et qu’en plus, on y parviendrait. Cette pulsion, on peut la retrouver dans El Dorado (en France prochainement). Il s’agissait sans aucun doute de secouer une bonne fois pour toute le roman politique espagnol, le faire sortir de sa torpeur, de sa paralysie, de sa fixation sur la guerre (et l’après-guerre) civile et sur le franquisme, lui faire enfin rendre compte de l’ici et du maintenant. Il s’agissait aussi de redonner un coup de fouet à la tradition burlesque et satirique héritée de Quevedo ; d’injecter enfin de bonnes doses de nouveau journalisme et de gonzo à la Grande Littérature Ibère ; de récupérer l’esprit fanzine et punk des débuts de l’auteur quelque part du côté de Valence, région la plus corrompue du plus corrompu des Royaumes. Demi-échec : à part les imbécilités d’un Isaac Rosa et malgré toute l’indignation populaire, c’est toujours la guerre et ses conséquences qui domine une certaine actualité éditoriale. Seul ou presque, il était évidemment bien difficile de faire changer le cap d’un bateau à la dérive… Par contre, si on se penche sur le roman en lui-même, la réussite est complète et la lecture de la réalité espagnole, derrière des manières pas vraiment bourgeoisement correctes, est de plus fines. Peut-être est-ce le ton parfois hunter-thompsonien, peut-être est-ce l’aspect « populo » (toxico mais populo quand même) des tribulations et de mœurs de Karagol qui, une fois la surprise initiale passée, nous fait comprendre qu’Asesino Cósmico est en fait la suite logique de tout ce qui précède.

Quelque part entre 2001 et 2011, le « formaliste » s’est pris d’affection pour la littérature de gare, le roman de quatre sous, les fictions pulp, serait-on tenté de dire. On peut aussi penser que cet attrait a toujours été présent, comme celui de Lethem pour les comics, de Coover pour les contes de fées, de Musso pour son compte en banque. Quoi qu’il en soit, Asesino Cósmico, c’est 267 pages d’hommage aux stakhanovistes du roman populaire et plus singulièrement à l’une de ses chevilles ouvrières, auteur de plusieurs centaines, le grand Curtis Garland, qui signe d’ailleurs un des chapitres et auquel Juan-Cantavella a emprunté le titre du roman. Dans un recoin perdu de notre monde en 2035, l’île métèque est en proie aux conséquences d’une catastrophe vieille de plusieurs décennies : Sierpe, la ville ancienne, détruite et inhabitable ; une mer intérieure hantée par un monstre qui ferait peur à Nessie ; un bois maudit ; un accélérateur de particules ; une ville nouvelle. Mais aussi des vampires, des enfants possédés, des tueurs renifleurs de culotte et un assassin cosmique. Respectant les canons du (des) genre(s), Juan-Cantavella saute du récit d’horreur à l’enquête policière ; du duel de cowboy à la fantaisie héroïque ; de la sci-fi à la scène érotique la plus torride. Ainsi, il cumule dans un seul roman tous les genres auquel Garland s’adonnait dans les textes grâce auxquels, exploité par son éditeur, il tentait de faire subsister sa petite famille. Il pourrait s’agir d’un simple clin d’œil à une obsession personnelle. Ce n’est pas le cas : il s’agit d’un roman d’aventure assez formidable, haletant, habile et surtout très surprenant. Le mélange de style est une vraie réussite. Il pourrait s’agir d’un détournement, d’une dé-mythification postmoderne ironique. Ce n’est pas le cas : si l’ironie est présente, si on ne peut s’empêcher de penser à certains prédécesseurs, Juan-Cantavella ne « démonte » pas le pulp, il met ses mains dans le cambouis et livre quelque chose de profondément ressenti, jamais académique (notamment grâce à l’intégration d’éléments de comédies – parfois presque slapstick dans les morts – qui apportent une légèreté rafraîchissante).

Et c’est peut-être maintenant que nous touchons le cœur sensible de l’œuvre de Juan-Cantavella, et pas seulement de ce livre en particulier. Si on peut le décrire comme un satiriste parfois tranchant, son rapport au champ strictement littéraire semble être celui d’un amoureux de la (para)littérature, d’un mordu de styles, de genres. On peut faire une liste longue comme un jour sans pain des auteurs que son œuvre nous rappelle (et il y a déjà une bonne liste dans ce qui précède) mais cette liste ne parviendrait jamais à rendre justice à ce qu’il faut bien appeler le syncrétisme Juan-Cantavella, une littérature des littératures qui ne vise ni l’exquisité universelle borgésienne ni le cosmopolitisme d’arrière-garde du dernier roman de Vila-Matas, le catastrophique Dublinesca. En fait, cette littérature faite de bric et de broc à l’aune de toutes les littératures est une méta-littérature précieuse, rare : la méta prolo. Et nous revenons donc à la polis  : à une époque où le divertissement populaire n’existe plus que sous la forme de directives provenues de grands studios et producteurs de ciné, y-a-t-il une acte plus politique que cette remise en avant, à travers Asesino Cósmico, de cette littérature prolo, de ce divertissement pensé pour la classe ouvrière par des auteurs qui émargeaient eux-mêmes (jusque dans leur exploitation) à la classe ouvrière de leur spécialité ? Sous cet angle-là, Asesino Cósmico est définitivement l’aboutissement logique du travail de Juan-Cantavella.

Notes:
[1] Preuve en est cet atterrant article du quotidien Publico où l’on apprend de la bouche de Rafael Reig que dans les années de la transition, la littérature engagée a été ostracisée en faveur d’horribles formalistes du style Juan Goytisolo. Goytisolo formaliste ? Certes. Goytisolo non politique ? Por favor. Sur le demi-siècle passé, il est sans aucun doute le plus grand écrivain politique de la péninsule. Son défaut ? Il n’a pas de carte de parti et il gène à peu près tout le monde.

12/10/11

en Crazy Minds

12/10/2011  |  por  Ángel Gil Cheza

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Sobre Asesino Cósmico

Hace treinta y cuarenta años los quioscos andaban sembrados de novelitas “pulp”, de relatos amarillos de cincuenta pesetas, firmadas en su mayoría por pseudónimos de escritores que vendían su pulso mientras su nombre real comenzaba a ganarse un respeto, a abrirse camino en una literatura que vivía bajo el yugo de dictadores o de snobs.

Robert Juan-Cantavella ha querido hacer un homenaje a todas esas historias que fueron arrancadas a noches de insomnio, relatos que nacieron de tomar un carajillo quemado a deshoras, de un montón de colillas prensadas una sobre otra en un cenicero a rebosar… de semanas y semanas sin echar un polvo, y años y años sin hacer el amor.

Juan-Cantavella es un narrador nato. Te seduce, tropiezas con él y ya te tiene en el bolsillo, aunque su literatura no es vaga ni fácil, al contrario; rebosa bagaje, dominio de la prosa, léxico y confianza, sobre todo confianza con el lector. Leerle a veces es como tomar una cerveza en un bar escuchando la conversación de la mesa de al lado.

Asesino cósmico es un ejercicio narrativo complejo que se resuelve con gran habilidad: guiños a los subgéneros del pulp español; subtramas más solventes que muchas tramas principales de novelas de éxito; personajes fantásticos pero humanos que rezuman torpeza, como todos nosotros; saltos en el tiempo, en el espacio… que no hacen peligrar el hilo conductor ni un solo renglón.

En su peculiar escritura de juego de rayuela, Juan-Cantavella siempre pisa entre la realidad y la ficción. Su particular modo de divertirnos con ello esta vez ha consistido en invitar a Curtis Garland —pseudónimo del prolífico escritor del género Juan Gallardo Muñoz— a escribir un capítulo, y éste, como gran conocedor del juego en el que se mueve nuestro autor, le corresponde introduciendo un personaje que hace tiempo que cabalga junto a Juan-Cantavella en todo lo que su pluma escupe, Trebor Escargot, su alter ego, aunque él seguramente lo negaría y se batiría en duelo, empuñando espadas láser, junto al videoclub de algún vampiro detective que participó como extra en Tiburón 2 antes de ser exorcizado, con quien osase defender semejante afirmación.

A quien ya conozca a Juan-Cantavella hace cinco párrafos que le sobra cualquier explicación que le convenza para leer Asesino cósmico. Y a quien no lo conozca todavía, no le puedo decir nada que no suene tópico, ligero, viciado… O quizá sí… le diré una cosa: no la preste porque no se la van a devolver.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

06/10/11

en Cultura/s (La Vanguardia)

05/10/2011  |  por  Jordi Costa & Jonathan Millán


El ingenioso hidalgo Sci-Fi de dos cabezas

Jordi Costa (y Jonathan Millán, en “Los buzos de la esquina”)

En su libro de memorias “Yo, Curtis Garland”, Juan Gallardo Muñoz, fabulador a destajo en la edad de oro de la novela de a duro, logra dos momentos especialmente intensos. Por un lado, un recuerdo de infancia: el miedo vivido en un tren nocturno bombardeado por la aviación franquista en agosto de 1939. Por otro lado, una secuencia angustiosa: del 11-S al 11-M, mientras la novela popular española y la esposa del autor luchaban contra su desaparición, Gallardo/Garland, de paso, revelaba un secreto: todos los personajes femeninos de su obra eran diferentes formas de su único amor, su amor perdido, su esposa Tere. Sus novelas llevaban títulos como “Pánico pop”, “Ahorcado, dame tus ojos”, “Androide Armaggedon” y “Asesino cósmico”.

Tuve el privilegio de coincidir con Garland y uno de sus compañeros de fatigas, Frank Caudet, en una mesa redonda. Estaban contentos porque en el AVE les habían pasado “Gran Torino”. En ellos había algo de lo mejor de Walt Kowalski, el personaje de Eastwood: eran dos supervivientes de demasiadas batallas, dos camaradas. Pero también algo más: encarnaban algo así como el proletariado del best-seller. Les había tocado el peor papel, a la intemperie del prestigio literario y el éxito económico.

Robert Juan-Cantavella se ha apropiado del título de una de las novelas de Garland y ha invitado a Juan Gallardo a escribir un capítulo en “Asesino cósmico”. Es como si Tarantino hubiese confiado una de las bobinas de “Kill Bill” a Jesús Franco. La intervención de Garland cristaliza en frases cargadas de electricidad pulp: “Y una vez cautivo en su vehículo sideral, me había sometido al experimento de su “ensayo” de la destrucción casi total de un planeta, hecho que iba a producirse en la realidad, no tardando mucho, y del que yo, Ukk, sería aparentemente responsable”. Tiburones, vampiros, extraterrestres polimorfos, enanos malvados, muertos vivientes y niñas poseídas mutan, de la mano de Juan-Cantavella, en figuras de un juego metaficcional incesante de textura casi cervantina.

La joven literatura española invoca a menudo la cultura popular, pero nadie se había atrevido a tanto: a un acto de amor tan sincero, puro y, a la vez, festivo como el que propone “Asesino cósmico”.

"Más y mejor", aquí

en Fantasymundo

06/10/2011  |  por  Fco. Martínez Hidalgo

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Sobre Asesino Cósmico

Por Fco. Martínez Hidalgo  

Desde su misma concepción hasta la plasmación en sus páginas, está repleta de destellos de originalidad e inteligencia.

Entre las manos tenemos, con ‘Asesino cósmico’ (Mondadori, 2011, disponible en FantasyTienda), una de las novelas más extrañas del año. Robert Juan-Cantavella (Valencia, 1976) desarrolla a lo largo de las páginas una idea central sólo al final desvelada, y a cuyo servicio están todos los elementos de la novela: trama, tono o personajes.

Así haciendo, una línea argumental en apariencia con más puntos oscuros que un queso gruyer, construidos a base de un tono intrigante y un misterio creciente, que nos puede llevar incluso a considerarlos irresolubles por su profundidad, se presentan de repente ante nuestros ojos con la claridad y certeza de una luz cegadora. ¡Pero cómo no lo hemos averiguado antes!

Una propuesta como ‘Asesino cósmico’ (Mondadori, 2011) exige de una habilidad apabullante para mantener el equilibrio entre la comprensión narrativa y la tensión lectora: cualquier misterio mal construido podría acabar bien volviéndose incomprensible –por el exceso de opacidad, bien convirtiéndose en demasiado evidente –por el exceso de prudencia. Robert Juan-Cantavella demuestra esa habilidad con indiscutible criterio y solvencia: un argumento inteligente, una trama interesante, unos personajes atractivos o una idea central de gran potencia (tranquilos, aquí no hay spoilers), son muestras más que suficientes.

De hecho, únicamente dos peros se le pueden poner a la novela, los dos vinculados a la intención de dejar todos los hilos atados y bien atados –yendo incluso más allá de una idea central per se suficientemente fuerte como para mantenerlos unidos: una perspectiva a veces confusa -por insistir en clarificar quién dice qué- y una página final totalmente innecesaria -por insistir en evidenciar lo que ya es evidente-. Un reflejo del oficio de Robert Juan-Cantavella, de su preocupación por el lector, disculpable y disimulado por todas sus otras muchas virtudes.

El eje central del misterio se teje a medida que se nos muestra la historia del espacio en el que todas las tramas y subtramas tienen lugar: Isla Meteca. Allí un suceso del pasado, al que se refieren universal y ambiguamente con la expresión “cuando sucedió todo aquello”, condiciona todavía las relaciones sociales y las historias de vida de todos los personajes.

Robert Juan-Cantavella presenta sus credenciales como escritor español con futuro, a través de una novela que juega con las peligrosas conexiones entre el pasado y el presente. Un consejo: no dejen de leerla.
De una forma u otra, todos tiene puestas sus miras en un futuro que pasa por superar lo sucedido, por desanclar el pasado del presente: Don Fabio, un corregidor entrado en años pero que se resiste a abandonar el cargo; Antero Legúfaro, un abnegado asistente del corregidor con evidentes sueños de sucesión; o Vladimiro Rascón, el responsable del único videoclub de Isla Meteca al tiempo que ambiciosa némesis del Don Fabio; entre otros muchos.

Pero ¿cómo se consigue desanclar el pasado, sin olvidar y perder la memoria?, o ¿cómo se supera un hecho traumático del pasado sin afrontarlo, sin siquiera darle un nombre?, o sea, ¿es posible pasar página cuando ni siquiera se abre el libro? La tensión en Isla Meteca tendrá que liberarse para dar rienda suelta al potencial de los personajes, atados a un contexto de gran fragilidad, pero ¿qué contiene ese contexto de tensión y qué forma tomará cuando reviente? He aquí el núcleo central del misterio.

El elemento de ruptura de este gran misterio es, como no podría ser menos en una novela tan intrigante e interesante como ‘Asesino cósmico’ (Mondadori, 2011), un misterio menor también necesitado de respuesta: en el centro del bosque de Isla Meteca, que parte la isla en dos y distancia al pasado del presente, se oculta un monstruo de nombre Cárdavo. Nadie que lo haya visto ha vivido para contarlo, por tanto nadie sabe cómo es, pero lo que sí se sabe es que nada hay que temer mientras no se le moleste.

Curioso este monstruo terrorífico cuyo único fin parece ser vivir en paz, pero cuya existencia a todos intriga y todos temen.

La cuenta atrás en la trama comienza cuando una cineasta local, a cuyos padres asesinó Cárdavo "cuando sucedió todo aquello”, regresa a Isla Meteca para poner en marcha un proyecto que exige mostrar al monstruo. El desvelo de Cárdavo representa una amenaza para el status quo de Isla Meteca –porque podría desatar de nuevo al monstruo: Alpidia Ruano, que así se llama la cineasta, ha pedido un permiso para adentrarse en el bosque y filmar a Cárdavo. ¿Cómo afrontará la isla esta amenaza a su estabilidad?

Para el lector de Fantasy o de SciFi esta novela posee un atractivo mayor pues, como parte del velo en este misterio, Juan-Cantavella no sólo crea un espacio fantástico, sino que también sitúa en él una red de subtramas repletas de referencias a otras obras, subtextos de narraciones fantásticas, y un capítulo (el noveno) titulado “La verdadera historia del temible Ukk” que es en realidad un relato original del escritor español de novelas populares Curtis Garland (pseudónimo de Juan Gallardo Muñoz). Sin duda, un regalo delicatesen para el lector.

Pero las sorpresas no acaban aquí pues ‘Asesino cósmico’ (Mondadori, 2011) tiene también una clara voluntad de juego. Las referencias se encuentran la mayor parte de las veces ocultas en los lugares más inesperados, tienen una naturaleza heterogénea, una dificultad variable, pero también un más que evidente sentido del humor en su confección. Con esto del humor me refiero, claro –y estoy siendo bien pensado, a la frasecita en código morse de la página 85 y que, el que avisa no es traidor, recomiendo no traducir.

La extrañeza de ‘Asesino cósmico’ (Mondadori, 2011) la hace una novela extraordinaria para lectores extraordinarios. Desde su misma concepción hasta la plasmación en sus páginas, está repleta de destellos de originalidad e inteligencia. Robert Juan-Cantavella presenta sus credenciales como escritor español con futuro, a través de una novela que juega con las peligrosas conexiones entre el pasado y el presente. Un consejo: no dejen de leerla.

27/09/11

en Lector con pulso

10/09/2011  |  por  Lorenzo-Álvarez-Bango






Sobre Asesino Cósmico

Por  Lorenzo-Álvarez-Bango


Francisco Casavella lo sabía. Antes de morir tuvo tiempo de trasmitírselo a Javier Calvo. El secreto de Editorial Mondadori. Mercedes Cebrián y, Edmundo Paz Soldán, fueron los encargados de contárselo a Robert Juan-Cantavella. "Si quieres que esta gente te publique, tu libro ha de estar escrito en presente de indicativo".

Es un criterio acertado, que le da elegancia y precisión a la narración. Debería ser lo lógico.

Pero vamos a lo que estamos. ¿Qué decir de "Asesino Cósmico"? Como la propia novela, puedo contar mucho y no decir nada.

Suena demasiado duro, más cuando no es una mala lectura. Simpática e ingeniosa, deja no obstante una pregunta fundamental sin responder.

Hay libros que es muy difícil recomendar. Cómo recomendar una novela que comienza como novela histórica en un entorno fantástico, pasa a ser la novela de ciencia-ficción que se presume, para transformarse en novela de terror gótico, mutar después en libro de caballería con retazos de explícito erotismo, un poquito de gore y pinceladas de western, y vuelta a empezar con el añadido de momentos surrealistas. Todo en el marco de una novela simbólica e intemporal.

Aunque nominalmente está situada en un futuro cercano, esto es relativo ya que es el mañana de un mundo imaginario, que incluye más elementos de nuestro pasado que novedades, que recuerda, más por fuentes comunes que por una ascendendencia directa, a creaciones anteriormente leídas de Fernando Aramburu o Javier Tomeo.

Salvo el manejo de unos elementos ajenos y el resultado obtenido, nada hay original en "Asesino Cósmico". Y esa es su pretensión, mostrar que está todo inventado en las artes narrativas, la tía literatura y su sobrino el cine, que lo que queda es recrear y revisar historias ya contadas.

Esta demostración se convierte en un gran homenaje a sus gustos e influencias, con una intención lúdica o paródica. Es un derroche, sí, de imaginación, que se aprovecha de referencias literarias y cinematográficas, de la iconografía, la nomenclatura y la imaginería tradicional de cada género.

"Asesino Cósmico" prueba que un escritor es la consecuencia de sus lecturas, y es paradigma de que  éste siempre escribe la novela que le hubiera gustado leer. Un deseo llevado al extremo, en el que no sólo el argumento cambia de un género a otro, sino que los personajes saltan a su vez de una historia a otra y las historias tan pronto son contadas por un personaje como lo son por otro, como se materializan reales.

Si bien se reconocen méritos narrativos, mucha imaginación y gran empeño por cerrar certeramente una estructura complicada, hay que señalar que esto no es suficiente. He buscado y no he encontrado, no me atrevo a asegurar que no la haya, una clave que me permitiera entender e interpretar la obra como una metáfora de algo más allá de una simple chanza, que excusase el mayúsculo esfuerzo. Una respuesta a una sencilla pregunta ¿Y?

Cómo recomendar, por tanto, lo que únicamente es una gran broma, me temo que muy privada, íntima, que puede hacer o no gracia independientemente del sentido del humor o la inteligencia del lector.

15/09/11

en Literatura Prospectiva

13/09/2011  |  por  Fernando Ángel Moreno

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Sobre Asesino Cósmico

Por Fernando Ángel Moreno
Me comentaba hace poco Antonio J. Rodríguez, joven e inteligente crítico literario, que mi generación tenía un problema que no tenía la suya: la obsesión con defender ciertos géneros, como la ciencia ficción o el terror, o lenguajes como el cómic o las teleseries. A su generación, por el contrario, ni se le pasaba por la cabeza el defender estas formas culturales; ya tienen asumido su igualdad cualitativa respecto a las demás obras artísticas. No pude más que darle la razón.
 
Comento esta anécdota para introducir esta breve crítica sobre Asesino cósmico, de Robert Juan-Cantavella.
No se trata de una novela fácil de criticar y uno de los motivos está precisamente en la manera de acercarnos a ella. El argumento en sí ya es complicado y rocambolesco. Estamos ante una sociedad alternativa en la que, según la localización geográfica que se nos describa, irán cambiando el estilo de la narración, la atmósfera y el tipo de personajes. De este modo, nos encontramos ante el científico loco, el monstruo brutal y despiadado, la novela de aventuras, la de intrigas políticas… Todo ello desde unas coordenadas narrativas propias del pulp más evidente y con un estilo arcaizante que aporta una pátina burlesca que puede chirriar a más de un lector.
 
Juntemos todo ello con el hecho de que el autor es un gran admirador de las novelas de Curtis Garland, cuyas obras le sirven de inspiración y a quien por cierto invita a escribir uno de los capítulos de Asesino cósmico.
 
No obstante, reducir la obra a «simple homenaje» implica un reduccionismo poco enriquecedor. La novela tiene entidad propia. Al fin y al cabo, su cimiento es una enrevesada trama coral, engarzada muy sutilmente y a partir de escasas, pero iluminadoras, autorreferencias. Por otra parte, cada personaje responde a un estereotipo, pero por momentos desarrollan una interesante personalidad propia. No obstante, sus acciones a menudo son insólitas e incluso disparatadas, puesto que su única coherencia como personajes es la del género popular del que ha partido y la que el propio devenir de la obra impone. De este modo, quizás nos parezca absurda la manera extrema en que una mujer es asesinada por una mera formalidad. Un hecho tan grotesco encaja finalmente por tres motivos: la creciente locura de los acontecimientos, la iluminación que supone para el espectador —quien confirma con esta escena que no debe buscarle una relación estrecha con las reglas psicológicas de nuestro mundo— y el propio interés de la narración en sí.
 
Por todo ello, cabe acercarse a la novela desde la certeza de que se trata de un divertido juego de géneros populares y de atmósferas inquietantes. Posee además un estilo propio y multitud personajes inquietantes que entran y salen del extraño mecanismo narrativo que constituye la obra.
¿Cabe esperar simplemente un pulp de los de antes, sin más? La respuesta no puede ser completamente afirmativa, pues la simbología implícita en muchos de los escenarios —como el vídeo-club o el laboratorio—, así como los personajes que los habitan, conllevan en sí mismas cierta ironía sobre la sociedad pop en la que vivimos, y sobre su amargura, que se salen de las obras más populares. Pues, en el fondo, Asesino cósmico no entra en conflicto completamente con nuestro mundo, ya que la cotidianeidad de muchos de sus elementos, la familiaridad con la que cabe leer numerosos pasajes, contrastan de manera terrible con lo absurdo del mundo que Juan-Cantavella ha construido. Como ya he comentado, la soledad de muchos personajes, el fondo psicológico de sus actitudes y de sus acciones… no son realmente estereotípicas, e incluso a menudo responden a cierta complejidad desasosegadora.
 
Por todo ello, puede resultar una novela complicada de leer si el lector solo busca el pulp de su juventud. A menudo le resultará demasiado absurda, demasiado crítica, demasiado experimental narrativamente, demasiado abierta.
Resultará infantilona si el lector no es capaz de desconectar del aroma a serie B del monstruo de la laguna o de la exageración propia que supone el mismísimo asesino cósmico.
 
Funcionará, amable lector, si te apetece dejarte arrastrar por su encantadora locura.
 
No funcionará si la lees solo como un homenaje en la que un joven novelista intenta imitar una ciencia ficción en la que no cree, en vez de asumir que los jóvenes escritores solo emplean los lenguajes que les apetecen para escribir lo que les apetece. Sin prejuicios.

 

06/09/11

en Rey Sombra

30/08/2011  |  por  Mareto







Sobre Asesino Cósmico

Por Mareto

La anterior novela/aportaje (El Dorado, Literatura Mondadori 2008) de Juan-Cantavella era un ejercicio de punk journalism (una especie de Periodismo Gonzo versión 2.0) en el que se realiza un retrato satírico del mundo vacacional levantino, Marina d´Or en concreto y del V Encuentro Mundial de la Familia del 2006 que contó con la presencia de Benedicto XVI. 

A la luz de la reciente Jornada (aunque hayan sido varios días) Mundial de la Juventud en Madrid, quizás no esté de más una secuela.

En Asesino Cósmico ya desde el mismo título, que así a priori no inspira demasiada confianza (en serio, la gente me miraba raro cuando iba leyéndola en el autobús), se produce un cambio de tercio bastante radical. Se trata de literatura fantástica. Lo digo a secas, porque la verdad es que en el escenario de la novela, Isla Meteca, donde se confunden futuro y pasado, hay un poco de todo: Alienígenas, el Demonio, vampiros, un monstruo mitológico que recuerda a Tiburón, un futuro lejano (el año 2035) guerras fraticidas, disputas feudales…etc.

Lo que ofrece Juan-Cantavella con su habitual sentido del humor es un mejunje pastichero hecho a base de diferentes medidas de los subgéneros de la literatura fantástica/Ciencia-Ficción entremezclado con las vivencias cotidianas de los esperpénticamente corrientes habitantes de Isla Meteca. La idea era homenajear/parodiar la literatura popular de los años setenta. De hecho, el título procede de la novela homónima (Asesino Cósmico, Bolsilibros Bruguera 1973) de Curtis Garland, quien es autor además del capítulo “La verdadera historia del temible Ukk”. Trabajando con semejante material, es más meritorio aún si cabe el resultado obtenido, ya que donde otros la habrían cagado a base de bien digo, sucumbido a lo kitsch del argumento y los personajes, Juan-Cantavella ha escrito una novela entretenida y gamberra, por momentos desternillante.

Resumiendo: Robert Juan-Cantavella realiza aquí una apuesta innovadora saltándose de nuevo las reglas del juego (¿Existen todavía?) y gana. Y con él, todos sus lectores.

La ficha de Reysombra:
Recomendada para: Quienes hayan disfrutado con Sin noticias de Gurb, El último trayecto de Horacio Dos…A quien le guste leer en general y la literatura fantástica en particular.
Lo mejor: El humorismo de la novela y la aparición estalar de Escargot en el capítulo de Curtis Garland.
Lo peor: Por decir algo, en algunos momentos uno se encuentra con situaciones que hacen corear wtf . Pero eso es parte también del encanto

19/08/11

VINALIA: Trippers from the Crypt

Ahora sí, redoble de tambor, ya están aquí...




Más información, aquí.

11/07/11

en Anika entre libros

07/2011  |  por  Gemma Nieto


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Sobre Asesino Cósmico

Por Gemma Nieto

Hasta el momento no había leído nada de Robert Juan-Cantavella pero puedo decir que tiene un estilo narrativo muy particular, diferente de la forma de narrar a la que estamos acostumbrados. Quizá eso pueda sorprender al lector ya que no se encontrará con un volumen de prosa fácil. Más bien, al contrario, el autor pide al lector que haga un esfuerzo para entenderle.

Igualmente, dispone de una forma muy personal de introducir a los lectores en su obra y en sus personajes. Personajes, por otro lado bien trazados y que el lector verá con claridad, aunque no pueda llegar a identificarse con ellos por las “rarezas” que arrastran.

Bajo mi punto de vista nos encontramos con una novela que podría definirse como una no-novela ya que rompe todos los esquemas que el lector pudiera tener.

No cabe duda de que Robert Juan-Cantavella es un autor que maneja con soltura la pluma y que sabe adentrarse en historias que inducen a confusión y extrañeza creando narraciones crípticas, metafóricas y con un elevado contenido poético de gran belleza pero que, sin embargo, que oscurece el texto.

Su estilo es el de los autores de culto, no apto para la gran masa pero sí para esas pequeñas minorías que buscan lo diferente, lo que se sale de norma. Hay que ser un lector valiente y sin complejos para adentrarse en la historia que nos cuenta Asesino cósmico.

28/06/11

en Qué Leer

28/06/2011  |  por Álvaro Colomer






Valor cósmico

Por Álvaro Colomer

Estamos en el año 2035, en Isla Meteca, donde se alzan dos ciudades: la desolada Sierpe y la geométrica Ciudad Nueva, donde viven docenas de personajes, a cual más estrafalario, con sus pequeñas miserias y sus extrañísimos comportamientos. Pero además hay un monstruo, uno que se oculta en el bosque y que tiene que ser devuelto al lugar de donde salió. Todo esto aderezado con vampiros, enanos, monjes, corregidores, etc.

Cuando uno coge por primera vez este libro piensa: “comedia futurista con tintes fantásticos… ¡buf! Homenaje a las “novelas de a duro” de la década de 1970… ¡buf, buf! E intervención estelar de Curtis Garland… ¡buf, buf, buf!. En resumen, pocas ganas de leerla. Y, sin embargo, cuando se sobrepasa la segunda página y se tiene constancia del despliegue estilístico realizado por el autor, uno no puede más que quitarse los prejuicios de encima y decir: “¡Olé!”. Porque la mezcla de un castellano arcaico con una trama distópica no sólo funciona bien, sino que acaba pareciendo el único camino narrativo posible. Juan-Cantavella se la juega a una única carta, la del “futurismo vintage”, y el resultado es un artefacto literario tan original que sobresale por encima de casi todas las novelas de corte conservador que, a día de hoy, inundan las librerías.

Es evidente que un argumento como éste, con decenas de personajes y de subtramas que cruzadas, nada a contracorrriente de la tendencia general, y que la mezcla excesiva de géneros (ciencia-ficción), western, terror, etc.) no es precisamente lo que busca el gran público. Y, aún así, a cada página se reafirma la valentía del autor a la hora de escribir con la mayor de las libertades. De modo que no es erróneo decir que hay pocos escritores tan audaces como Juan-Cantavella.

Por último, destacar que el autor es amigo de los guiños literarios y descubrirlos resulta harto entretenido: Óscar Gual, Trebor Escargot; Curtis Garland…

25/06/11

Trippers from the Crypt: Coming Soon

Muy pronto en tu cementerio más cercano... 
la última aventura de VINALIA TRIPPERS

20/06/11

en Sigue leyendo

19/06/2011  |  por Susana Sánchez



“La violencia puede ser muy divertida”

SUSANA SÁNCHEZ

“Ukk era capaz de elevarse  en el aire y desplazarse como suspendido en una alfombra mágica. Así es como llegó a la ciudad, volando. Su plan era sencillo, mutarse en uno de aquellos seres humanos, así había aprendido que se llamaban, seres humanos. Iba a  comportarse igual y a leer en sus débiles cerebros. Iba a hurgar en su memoria, en su historia, en su ser más profundo. Iba a jugar con sus recuerdos. ¿Por qué decidió dirigirse al hospital?, sencillo: porque le divirtió averiguar que aquellos infraseres sufrían terribles enfermedades y heridas. Le pareció tan graciosos y tan patético que no podía dejar de reír. Una vez en la segunda planta se introdujo sin dudar en la primera habitación que encontró, la del paciente Kenton. Los acontecimientos volvían a precipitarse. Esta es su historia”. (Asesino Cósmico. Pág. 136)


LA NOVELA

“Esta novela de algún modo nace de la anterior (El Dorado) por oposición. No quería hacer nada que se le pareciera. En El Dorado hablaba de la realidad, estaba muy centrada en la actualidad, en espacios reales y de alguna forma jugaba con las formas y el tono del periodismo. Allí hice un esfuerzo por narrar lugares que ya existen. Sin embargo en Asesino Cósmico quería tener libertad absoluta y me inventé el lugar (Isla Meteca). Una isla no limita con nada, tan solo has de omitir el mar en el que se encuentra y por eso se presta más a ser un lugar inventado.”

“En Isla Meteca vive una sociedad con unas diferencias muy fuertes, hay una casta dominante que es la que tiene los lugares de poder y ejerce éste de una forma muy despótica con respecto a la casta inferior, la de los metecos. El ser humano es así, en el presente, en el pasado y me imagino que lo será en el futuro.”

“El narrador va acompañando al lector, le va presentando a los personajes, mostrando los escenarios, lo lleva siempre de la mano y no le esconde información. Es un narrador más paternalista, más decimonónico, más intervencionista. Me gustaba la idea de trabajar con este tipo de narrador porque te coloca más en una situación de cuento, de ficción, asumimos desde el principio que lo que estamos contando es una historia, no una voluntad de realidad.”

“La novela transcurre en el futuro, en el año 2035, pero la ambientación, el contexto, es del pasado. Eso crea un contraste, un desequilibro en el que el lector no sabe muy bien dónde está. Sabe que está en el futuro pero lo que percibe, toca, huele es del pasado. Crea un escenario desequilibrado que es más propicio para la ficción.”

“La violencia más bestia que hay en la novela es la que tiene que ver con la historia realista, con la convivencia entre estas dos castas de una sociedad pequeña en la isla. Los años han ido sedimentando una serie de prerrogativas de unos contra otros, envidias, traiciones, venganzas, relaciones que están llenas de violencia porque así es el mundo. Y por otra parte la violencia es muy divertida. No soy ningún moralista ni voy dando lecciones a nadie. Una escena violenta, según como la cuentes, puede ser muy divertida.”

LITERATURA POPULAR

Asesino Cósmico es una novela que juega con los géneros, con los  subgéneros clásicos y más concretamente los géneros de la novela popular de los años 60 y 70, el western, el terror, la ciencia ficción, lo romántico. El propósito era hacer una novela en la que pudiese jugar con todos estos géneros y encontrar la forma de incluirlos, encarnarlos, hacerlos funcionar.”

“Cuando comencé a escribir esta novela llevaba tiempo leyendo novelitas de a duro, bolsilibros, novelas de género que ahora venden en los mercadillos y librerías de viejo, muchas de ellas editadas por Bruguera. Me encapriché de un autor, Curtis Garland (uno de los pseudónimos de Juan Gallardo) y cuando empecé a escribir  lo hice trabajando con dos de sus novelas (Asesino Cósmico, de la que cojo el título, e Hija de las Tinieblas). Decidí contactar con él para contárselo. Lo encontré, le conté lo que estaba haciendo y le entregué tres o cuatro capítulos. Me dijo que estaba encantado y que le gustaba mucho la idea. Le propuse entonces la posibilidad de que él escribiese un capítulo, dándole unas pautas para que cuadrase en la novela, pero con libertad absoluta. Él tiene ahora ochenta y un años y sigue escribiendo. Desde entonces somos amigos y nos vemos una vez al mes.”

“Lo que me interesaba de las novelas populares era la temática, la capacidad de imaginación, la facilidad para hacer avanzar la acción, el lenguaje tecnológico que utilizaban para representar el futuro, toda una palabrería en la que estos autores depositaban su confianza en el futuro, en un futuro en el que la tecnología nos llevaría al bien absoluto. Pero la novela está escrita de otra forma, hay una prosa más barroca, más pausada, más decimonónica. Buscaba precisamente el contraste porque yo escribo esta novela en la segunda década del siglo XXI, 40 años después. Ellos cuando manejaban estos referentes estaban mirando al futuro, sin embargo yo estoy mirando al pasado. El utilizar esta prosa me parecía que cuadraba un poco con esta idea.”

“Mi intención era escribir una novela en la que cupiesen muchos géneros. Cuando me propuse hacer eso vi dos opciones y utilicé las dos. La primera es contar una historia dentro de una historia, o bien inventar una leyenda sobre la isla. Esto me permite incluir varias historias, varios géneros. La segunda opción es simplemente el despropósito, la fantasía, la cosa imposible. Es que una historia porque sí, porque lo decide el narrador se convierte en otra historia. Algo que había empezado siendo realista, se convierte en ciencia ficción, que a su vez se convierte en una historia de bandoleros, que a su vez se convierte en una de vampiros y al final una apoteosis en la que lo mezclo todo y explota. Se puede hacer todo en literatura, pones una letra detrás de otra…”

“Intento que mis personajes y escenarios tengan mucho de ficción, que tengan los rasgos muy exagerados, grotescos, que se vea enseguida que son de mentira. Pero para conseguir eso necesito materia prima y siempre parto de la realidad, cojo cosas de aquí y de allá, y uno de los lugares de donde cojo cosas es el cine.”

“Al escribir esta novela quería que las escenas tuviesen un color, que el aire no fuese transparente, que fuera amarillo, algo parecido a Delicatessen en literatura.”

EL ESCRITOR

“Comenzar una novela es más divertido que acabarla. No tienes responsabilidad, vas abriendo mil caminos distintos y no tienes el peso. Acabar siempre es más difícil. En Asesino Cósmico hubo un momento en el que estuve a punto de dejarla de lado. Había muchas historias, muchos personajes funcionando, muchas líneas que iban en diferentes direcciones y pasé varios meses en los que lo intentaba y no daba con nada. Me fui a pasar un mes a otra ciudad con la idea de solucionarlo o dejarlo y al final se me ocurrió la forma de hacerlo, que fue más sencilla de lo que pensaba y logré terminarla.”

“Cuando escribo empiezo a pensar sobre algo, a darle mil vueltas, hago esquemas obsesivamente, dibujos de los personajes, mapas y luego la novela crece alrededor de todo este material, como un donut, que acaba desapareciendo y no utilizo.”

“Normalmente sé si lo que estoy escribiendo es una novela o un relato. Se afronta distinto porque en un relato tienes casi todos los elementos pensados desde el principio. En cambio con una novela no lo tengo todo atado, hay cosas que me interesa que colisionen, que me hagan preguntas y tener que resolverlas. Personajes en los que tenía esperanza no sirven, no funcionan o yo no los sé hacer funcionar y en cambio otros que parecían secundarios me van cayendo mejor y ganando peso en la novela cuando no lo tenía previsto.”

“Me gusta escribir por la noche. Nadie te molesta, no hay que parar a comer y fumo, fumo mucho. Escribo con música, con la que me sirve para sentirme cómodo.”

“Escribo de cosas sobre las que no sé demasiado y los dos o tres años en los que escribo el libro me sirven para aprender. Siempre llego a estas cosas por la fascinación, no soy especialista en nada. No soy especialista en literatura popular, ni en periodismo literario, ni en metaliteratura (temas de mis novelas). Siento curiosidad por las cosas y me acerco. Por otra parte todos, de algún modo, acabamos escribiendo, de fondo, sobre las mismas cosas. En mis libros, de una forma o de otra, siempre se juega con el concepto de sociedad pequeña y el odio que generan las relaciones entre unas personas y otras.”

“Soy muy obsesivo para corregir. Puedo corregir mil veces un texto, pero luego sé ser pragmático y soltarlo.”

“No sé por qué escribo. Yo tenía un grupo punk en Castellón y lo dejé para hacer esto (escribir), y me arrepiento, porque tener un grupo punk es mucho más divertido que hacer esto.”

ACTUALIDAD

“La crisis del sector editorial me afecta como currante y la vivo mal como tal, trabajas más por menos.”

“La edición digital es algo que va a suceder, no ha sucedido todavía porque Steve Jobs no ha decidido que todos tengamos el iPad, pero cuando lo decida, sucederá. No se puede ir contra el tiempo como ha ocurrido en la industria de la música. Espero que la gente que toma las decisiones en el mundo de la literatura aprenda de esto y no haga el ridículo.”

“No le tengo miedo a la piratería. Para empezar la palabra no me parece correcta, es un insulto a una gente que está haciendo un uso libre de contenidos culturales. Siempre se ve desde el punto de vista de los que están perdiendo dinero que antes ganaban dinero. Efectivamente esto es una putada, como para los propietarios de carretas fue una putada que se inventara la locomotora a vapor. Ahora se está llevando este debate al terreno de los propietarios de las carretas de caballos y se nos obliga a verlo desde esta óptica.”

“No tengo blog personal, ni Facebook, ni Twiter, pero sí he creado blogs para las novelas (AQUÍ, Asesino cósmico). Estas herramientas me gustan, me parecen muy potentes pero las utilizo en la medida de mis necesidades. Ahora mismo no me siento tentado a tener un blog que se llame Robert Juan-Cantavella y decirle a la gente lo que pienso del mundo.”

“Lo que está pasando en Plaza Cataluña me encanta. Entiendo las inquietudes de esta gente porque son las mías en gran medida. Creo que estamos en la época más cínica de la política reciente de este país.”

“El libro que más me ha gustado últimamente es El caso de Chales Dexter Ward de H.P. Lovecraft, una novela de fantasía y ciencia ficción”


“¿A qué cerrar este lamento con lacre, con sitio y con fecha, si el lugar casi no existe y lo que ha sucedido ahora,  estos últimos días, tantos años de ilusión, volverá a ocurrir impunemente? El tiempo en todas sus versiones converge en un solo punto que se repite cada vez. En un nudo eternamente igual así mismo. Sin haber aprendido nada. O acaso todo termina en algún momento para volver a empezar, y las cosas se deslizan sobre su engañosa superficie en pos del mismo brillo rojizo que es el final y es el principio. Esta última carta, triste y desellada, ya no hay nadie en la estafeta de correos que pueda enviarla. Quizá se pierda para siempre. Seguramente yo mismo me desvanezca borrado por el tiempo y tras de mí la isla entera, ya sin nadie que la cuente.” (Asesino Cósmico, pag. 263)